El Papa fue recibido por una multitud en la Plaza Independencia de Montevideo, hasta donde también llegaron fieles argentinos y entrerrianos. En su primer discurso en suelo uruguayo habló del bien común, la democracia, la familia, la vida por nacer, la pobreza infantil, el trabajo, la inteligencia artificial y la necesidad de acompañar a quienes atraviesan situaciones de sufrimiento.

El papa León XIV comenzó este viernes su histórica visita a Uruguay con un acto multitudinario en la Plaza Independencia de Montevideo, donde fue recibido por el presidente Yamandú Orsi y pronunció su primer discurso en el país vecino.

La presencia del pontífice movilizó también a numerosos fieles argentinos. La cercanía geográfica convirtió a Uruguay en un destino accesible especialmente para peregrinos de Entre Ríos, que cruzaron hacia el vecino país para participar de las actividades previstas durante la visita.

Según consignó El País de Uruguay, el avión que trasladó al Papa desde Roma sobrevoló el centro de Montevideo alrededor de las 16.15 de este viernes, después de más de 13 horas de viaje. Poco más de una hora después, León XIV apareció en el papamóvil por la avenida 18 de Julio y avanzó lentamente entre los saludos de la multitud hasta llegar a la Plaza Independencia.

Allí, después de la interpretación del Himno Nacional uruguayo y de la Marcha Pontificia por músicos y coros del Sodre, Orsi habló durante unos diez minutos. Luego fue el turno del pontífice, quien desarrolló durante casi media hora una reflexión atravesada por la historia y la realidad social uruguaya.

Uno de los ejes centrales del discurso fue José Gervasio Artigas. León XIV tomó como punto de partida el friso de bronce que rodea el monumento al prócer en la Plaza Independencia y que representa el éxodo del pueblo oriental de 1811.

El Papa recordó una de las expresiones más conocidas de Artigas —“Mi autoridad emana de vosotros”— para reflexionar sobre el origen y la responsabilidad del poder público. Desde allí destacó los 40 años de democracia ininterrumpida que Uruguay cumplió recientemente y sostuvo que la autoridad encuentra su sentido en el servicio al bien común, dentro del orden jurídico y respetando la libertad de los ciudadanos.

El concepto de bien común también le permitió proyectar su mensaje hacia las generaciones futuras. En ese tramo valoró, además, la transformación de la matriz energética uruguaya como una política sostenida en el tiempo.

Otro de los momentos destacados llegó cuando León XIV se refirió a la vida que todavía no ha nacido. El pontífice afirmó que esa vida ya forma parte de la familia humana y merece protección, y vinculó esa mirada con la importancia de la familia como núcleo fundamental de la sociedad.

La referencia adquiere una especial significación en Uruguay, donde el aborto está legalizado desde 2012 y donde las posiciones de la Iglesia Católica mantienen diferencias profundas con la legislación vigente.

El Papa también se refirió a la desigualdad y particularmente a la pobreza infantil. Planteó la necesidad de garantizar educación y alimentación adecuadas para los niños y de generar posteriormente oportunidades que les permitan incorporarse al mundo laboral y desarrollar autonomía.

León XIV dedicó parte de su intervención a los cambios tecnológicos y al avance de la inteligencia artificial. Señaló que el desarrollo tecnológico debería ampliar las capacidades humanas, facilitar tareas y abrir nuevas posibilidades, sin convertir a las personas en elementos prescindibles dentro de los procesos productivos.

La reflexión estuvo asociada a una idea que el pontífice recuperó de Juan Pablo II: el trabajo debe estar al servicio de la persona y no al revés.

Uno de los tramos más sensibles del discurso estuvo dedicado al sufrimiento humano. Sin mencionar expresamente la eutanasia —un debate que tuvo especial relevancia en Uruguay después de la aprobación de la ley que la regula en 2025—, León XIV insistió en la necesidad de acompañar a las personas que atraviesan enfermedades, discapacidad, dolor, pérdida de autonomía o situaciones de exclusión.

También se detuvo en la problemática del suicidio y habló de la soledad, la angustia y la pérdida de esperanza que pueden llevar a una persona a no encontrar razones para continuar viviendo. Frente a esas situaciones, remarcó la importancia conjunta de la atención sanitaria, los vínculos familiares y el acompañamiento de la comunidad.

El pontífice vinculó además esas palabras con su propia experiencia reciente de enfermedad y señaló que haber necesitado cuidados lo llevó a pensar en quienes no cuentan con los medios necesarios para acceder a un diagnóstico o a un tratamiento adecuado. Reivindicó así el acceso a la atención sanitaria con independencia de los recursos económicos de cada persona.

Finalmente, León XIV volvió sobre la imagen del éxodo artiguista para hablar de un pueblo que debió abandonar parte de lo que tenía y mantenerse unido frente a la incertidumbre.

Entre aplausos, algunas gotas de lluvia y una multitud que aguardaba desde varias horas antes, terminó así el primer gran discurso de León XIV en Uruguay, en el comienzo de una visita que genera una fuerte expectativa también de este lado del río Uruguay.

 

Fuente: El País, Uruguay