La pasada semana, miembros de la comisión directiva de la Asociación de Citricultores de Villa del Rosario, entre ellos su presidente, Marcos Dal Mazo, y de la Asociación de Citricultores de Federación mantuvieron un encuentro con referentes del Banco de Alimentos en la provincia de Entre Ríos.

Al respecto, en diálogo con Villa del Rosario Net, Marcos Dal Mazo comentó que «el Banco de Alimentos tiene el objetivo de rescatar alimentos que, por diferentes inconvenientes, no pueden ser comercializados. Por ejemplo, si hablamos de frutas cítricas, puede suceder que el mercado no requiera alguna variedad, porque se pasó por tamaño u otra cuestión, entonces desde esa entidad buscan adquirirlos u obtenerlos a modo de donación para que lleguen a diversos comedores sociales».

Luego, explicó que «estos bancos de alimentos están a nivel mundial y en Argentina están en diferentes provincias. En el caso de Entre Ríos hay tres centros que son los de Paraná, Concordia y Guayaguaychú. En esta oportunidad, nos reunimos con los referentes de Paraná y Concordia». En ese sentido, confió que «en lo que respecta a la citricultura, tenemos la idea de sumarnos a esta iniciativa. Ellos ya trabajan con varias empresas de otros rubros de la cadena de alimentos, también con algunas firmas que, por ejemplo, donan lo que es el transporte, jaulas, etc.».


«La idea sería convocar a los productores de Villa del Rosario y la zona, a aquellos que estén interesados en esta propuesta, ya sea para donar o vender su producción. Siempre se busca poner un precio que le sirva a ellos y al productor. Trabajan todas las variedades, sin importar el tamaño de la fruta, pero obviamente debe estar en condiciones para el consumo», precisó el dirigente local.

A su vez, comentó que «en Concordia hicieron ya un embarque de 8.000 kilos de fruta, que fueron vendidos a precio de industria». Y añadió que «creo que muchos productores quizás se pueden llegar a sumar, porque es una buena iniciativa y sabemos que los pagos en la industria vienen con cierto atraso».

Por último, Dal Mazo aclaró que «el productor no queda comprometido a seguir cargando fruta a la entidad». Y destacó que «se hace un contrato, donde el productor se deslinda de toda responsabilidad. Además, el Banco puede hacer una factura de la compra y, como son una ONG, el citricultor puede utilizarla para desquitar el monto en impuesto a las ganancias».