El gobernador Rogelio Frigerio recorre esta semana el mayor puerto de Alemania, la puerta de entrada de mercaderías al norte de Europa. Su paso no figura, hasta el cierre de esta crónica, en los canales de difusión de las instituciones portuarias de la ciudad. Pero los rastros de la relación entre Entre Ríos y Alemania están a la vista en los registros públicos alemanes: una fundación bávara que se atribuye haber tendido los puentes, un proyecto de vinculación acordado con la embajada argentina en Berlín, la visita de un comisionado del gobierno federal a la provincia y una historia familiar que nace en Augsburg en plena guerra.

El puerto de Hamburgo se anuncia a sí mismo desde hace más de un siglo como el Tor zur Welt, la puerta al mundo. Sobre el estuario del Elba, a 110 kilómetros del Mar del Norte, funciona el mayor puerto de Alemania y uno de los tres más grandes de Europa, un laberinto de terminales, grúas y depósitos por el que pasa buena parte del comercio entre el continente y el resto del planeta. Por sus muelles circulan cada semana delegaciones extranjeras de todo tipo: ministros, empresarios, autoridades portuarias de otros mares. Esta semana, entre el martes 21 y el jueves 23 de julio, uno de esos visitantes es el gobernador de la provincia argentina de Entre Ríos, Rogelio Frigerio.

Lo llamativo, visto desde aquí, es el silencio. Las instituciones del puerto acostumbran a documentar sus encuentros institucionales con puntualidad germana: comunicados, fotografías, registros de delegaciones recibidas. Hasta el cierre de esta crónica, ni los canales de difusión de la autoridad portuaria ni los de las principales operadoras registraban mención alguna a la visita del gobernador argentino. La recorrida existe, pero no tiene, por ahora, huella pública en la ciudad que la recibe.

Para entender qué significa ser recibido por «el puerto de Hamburgo» hay que entender primero que el puerto no es una sola cosa. Conviven aquí, al menos, tres estructuras de naturaleza muy distinta. La Hamburg Port Authority es el ente público de la ciudad-estado, responsable de la infraestructura. Hafen Hamburg Marketing es la asociación de promoción que agrupa a cientos de empresas privadas del sector y que suele oficiar de anfitriona de las delegaciones extranjeras. Y HHLA, la histórica operadora de las principales terminales de contenedores, es desde hace poco algo más que una empresa hamburguesa: la naviera MSC, la más grande del mundo, se quedó con el 49,9 por ciento de su capital a través de una sociedad conjunta con la ciudad. Según cuál de esas puertas se haya abierto para el gobernador argentino, el sentido de la visita cambia por completo: no es lo mismo un ente público alemán que una cámara de promoción, ni una cámara de promoción que un gigante naviero global con intereses en terminales y rutas de toda Sudamérica.

Lo que sí está profusamente documentado en Alemania -aunque casi nada de eso haya llegado a la prensa argentina- es la trama de vínculos que precede a esta visita. El hilo conduce a Bayreuth, en Baviera, sede de la Stiftung Verbundenheit mit den Deutschen im Ausland, una fundación dedicada a las comunidades de origen alemán en el mundo. En su sitio oficial, la fundación relata con detalle el paso de Frigerio por la ciudad de Augsburg en julio de 2025: la recepción de la alcaldesa Eva Weber, la firma del Libro de Oro de la ciudad, la caminata por el casco histórico. Y se atribuye expresamente el mérito: fue la fundación, dice el texto, la que inició el contacto entre el gobernador argentino y los decisores políticos bávaros, tendiendo puentes entre Baviera y Entre Ríos.
La crónica alemana de aquel viaje revela además un dato biográfico que en Argentina nunca formó parte del relato público del gobernador: su madre nació en Augsburg en 1942, en plena guerra, y emigró de niña a la Argentina con su familia. Frigerio dejó constancia del origen augsburgués de su madre en la dedicatoria que estampó en el Libro de Oro. El relato de la fundación agrega una escena de una intimidad inusual para un documento institucional: en la iglesia de San Pedro am Perlach, el gobernador se detuvo ante el cuadro original de la Virgen Desatanudos, la imagen que su madre, según el texto, dibujaba con frecuencia en la Argentina, y que él veía en su versión original por primera vez.

El componente familiar no es una curiosidad de color: es la llave de una arquitectura institucional que se fue montando pieza por pieza. La misma fundación informó en sus publicaciones oficiales la existencia de un proyecto de cooperación con la embajada argentina en Berlín, encabezada por el embajador Fernando Brun, para ampliar los contactos con el gobierno de Entre Ríos y acercar la provincia a distintas instituciones alemanas. En esos documentos, la Stiftung Verbundenheit presenta a Frigerio como un mandatario de origen alemán del Volga y da cuenta de reuniones de trabajo en las que se elaboró una agenda de vinculación entre la provincia y Alemania. Una hoja de ruta escrita, acordada entre una fundación privada alemana y la representación diplomática argentina, cuyo contenido completo no se conoce de este lado del Atlántico ni del otro.

El canal escaló luego al gobierno federal. Según el comunicado oficial del comisionado del gobierno alemán para cuestiones de repatriados y minorías nacionales, Bernd Fabritius, el funcionario visitó Entre Ríos entre el 15 y el 20 de marzo de este año para participar del congreso sobre el futuro de los alemanes del Volga en la Argentina, invitado por el propio Frigerio y por el intendente de Valle María, Mario Sokolovsky. El encuentro se realizó en el marco de la declaración del dialecto alemán del Volga como patrimonio cultural inmaterial de la provincia, y contó con la participación del presidente de la Cámara de Diputados entrerriana, Gustavo Hein, de la diputada Silvia Ávila, autora de la ley, y de representantes de la propia Stiftung Verbundenheit. Para dimensionar el interés alemán en esa comunidad alcanza un dato que maneja la propia fundación: los descendientes de alemanes del Volga representan cerca del veinte por ciento de la población de Entre Ríos, dentro de los más de tres millones de argentinos con raíces alemanas.

Sobre esa base cultural y afectiva se monta ahora la capa comercial, y ahí Hamburgo tiene todo el sentido. Desde la entrada en vigencia del acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea, a comienzos de mayo, los productos sudamericanos comenzaron a ingresar al mercado comunitario con aranceles reducidos o nulos, y este puerto es una de sus principales puertas de entrada. El primer certificado del acuerdo correspondió, precisamente, a un embarque de miel entrerriana: 22 toneladas despachadas desde Concordia por una firma familiar, que ingresaron a Europa con arancel cero cuando hasta abril tributaban el 17,3 por ciento. En paralelo, el sector logístico europeo sigue con atención la nueva concesión del dragado de la Hidrovía Paraná, adjudicada por 25 años a la belga Jan De Nul y su socia argentina Servimagnus. En el dragado no hay actores alemanes; el interés de las empresas de esta ciudad, si se materializa, correrá por otro eslabón del negocio: las terminales, la logística, el transporte naviero. Exactamente el rubro de las compañías que rodean los muelles que el gobernador recorre esta semana.

Nada de todo esto es, en sí mismo, irregular. La diplomacia subnacional es una práctica extendida, y la promoción de exportaciones, una función legítima de cualquier gobierno provincial. Lo singular del caso entrerriano es la asimetría informativa: la relación entre la provincia y Alemania está mejor documentada en los sitios oficiales de las instituciones alemanas, publicados en alemán, que en el debate público de la propia provincia. Quien quiera reconstruir la trama debe leerla en el idioma de Goethe.