El contrabandista que cayó en Feliciano vivía en Corrientes, al igual que su acompañante, un chico de Itatí cuya familia convivió con el uso de estupefacientes con fines de lucro.
La caída de Carlos Fiordelino en Entre Ríos luego de sacarse de encima 260 kilos de cocaína a la carrera en un Mercedes Benz, puso en el primer renglón del relato un dato singular dentro de su espeso legajo judicial. Y es que había fijado residencia en la provincia de Corrientes.
El acompañante de Fiordelino en su fallido escape por una ruta de ripio entrerriana es un chico de 19 años de edad llamado Benjamín Ariel Maciel. Un junior que debuta en los expedientes judiciales luego de hacer inferiores en una familia atravesada por el uso de estupefacientes con fines de lucro.
Con ella también iban otros dos hombres y su hermano menor Luis Alberto, que por unas horas dejó su oficio de herrero y pintor para ir a confeccionar su primer antecedente penal.
En su domicilio de portón rojo y bajo la fachada de un kiosco, los agentes de la fuerza encontraron 14 caramelos de cocaína, 17 de marihuana y casi 900 mil pesos en efectivo, entre otras herramientas del oficio del menudeo.
Su causa sigue abierta y ahora, también, la de su hijo mayor, que quedó engayolado en Entre Ríos.
Con diagnóstico de cáncer
Carlos Manuel Fiordelino Celis tiene su nombre escrito cientos de veces en la tinta con la que se diseñan las sentencias a las mafias.
Hasta este año, los buscadores del Poder Judicial arrojan como resultado de su andar por los tribunales una pena única de 14 años de prisión, que resulta del cómputo de 12 años dictados en la provincia de Santa Fe y otros cinco en un estrado de La Plata.
Para llegar a esa conclusión penal, este hombre de 53 años de edad, anduvo por el ripio ingrato de las persecuciones siempre armado e, incluso, vinculado a homicidios. El salvaje Rosario narco lo puso en un ecosistema hostil donde la sangre es un adjunto inevitable.
La pandemia en 2020 lo encontró ya detenido cumpliendo el cuarto año de esa pena unificada en uno de los asquerosos pabellones de Marcos Paz.
Pero una dolencia física lo puso a deambular por la enfermería muchas veces hasta concluir en un diagnóstico de cáncer estomacal por el que debieron intervenirlo quirúrgicamente y hasta practicarle quimioterapia. En ese entonces estaba en pareja con una mujer que tenía a su cargo dos hijos, de uno y cinco años de edad, y con quienes pretendía regresar para cumplir prisión domiciliaria en un inmueble de Moreno, en el Conurbano bonaerense.
Luego vendría a vivir a Corrientes.













